COVID-19 en la vida de las mujeres: Razones para reconocer los impactos diferenciados

Elaborado por Cepaz La Comisión Interamericana de Mujeres (CIM), de la Organización de Estados Americanos (OEA), realizó el lanzamiento del Informe COVID-19 en la vida de las mujeres: Razones para reconocer los impactos diferenciados, donde se exponen los impactos específicos sobre las mujeres que ha causado la emergencia de salud pública, enfatizando las desigualdades dentro […]


- Publicado por: Comunicaciones CEPAZ, el 17 mayo, 2020

Elaborado por Cepaz

La Comisión Interamericana de Mujeres (CIM), de la Organización de Estados Americanos (OEA), realizó el lanzamiento del Informe COVID-19 en la vida de las mujeres: Razones para reconocer los impactos diferenciados, donde se exponen los impactos específicos sobre las mujeres que ha causado la emergencia de salud pública, enfatizando las desigualdades dentro de la sociedad.

Para medir las consecuencias de la pandemia, es importante tomar en cuenta el enfoque de género y asegurar la participación de las mujeres en la toma de decisiones para acciones futuras, debido a la experiencia en pandemias anteriores (Ébola, Zika, SARS).

También, se reconoce la necesidad de las medidas de confinamiento a nivel internacional para garantizar la salud pública y evitar una crisis en el sector salud. Pero, desde el enfoque de género, los hogares han llegado a ser el ecosistema para toda actividad educativa, laboral y social, incluyendo el ámbito doméstico, encontrando diferentes realidades, como la repartición desigual de dichas tareas entre hombres y mujeres. Sumado a que ellas son quienes más ejercen labores en los centros de salud, trabajo doméstico remunerado y en centros especializados de cuidado, lugares donde se enfrentan a grandes riesgos.

Para la post-pandemia

A las mujeres, en medio de una desigualdad económica ya existente en el mercado laboral donde muchas de ellas son parte del trabajo informal, la pandemia les afecta en mayor proporción. Para mitigar esta afectación, se deben realizar acciones post COVID-19 en busca del empoderamiento económico; así como soluciones para la violencia de género y el aumento que arrojan los indicadores en pandemia por el confinamiento y para el acceso limitado a servicios de atención, prevención y sanción, así como también a servicios de salud sexual y reproductiva.

En el escenario actual, los organismos internacionales y regionales juegan un rol fundamental, tales como, la Organización de Estados Americanos (OEA) así como los Estados miembros, en pro de fortalecer las iniciativas con enfoque de derechos humanos, interseccionalidad y perspectiva de género, ofreciendo la atención necesaria y defensa de los derechos humanos de las mujeres para la mitigación de la desigualdad en el contexto de la crisis.

La toma de decisiones

La participación activa de la mayor cantidad de mujeres que sea posible en las acciones, durante y luego de la pandemia, es importantes en la toma de decisiones para la búsqueda de soluciones inclusivas, efectivas y apropiadas en pro de la igualdad, la justicia y la democracia, donde las mujeres son parte de la mitad de la población de los países de la región, siendo relevante entonces, considerar las necesidades diferenciadas de las mujeres.

En el ámbito político, podrían plantearse incorporaciones de ministerios de la mujer o mecanismos nacionales de las mujeres a gabinetes de crisis de los gobiernos, expertas y organizaciones de mujeres (sociedad civil) para la creación de políticas públicas con enfoque de género y de acuerdo a las necesidades requeridas para la población femenina, fortaleciendo y avanzando en sus derechos en la emergencia de salud pública que se vive.

En el informe se asegura que “hay que continuar impulsando medidas aceleradoras y afirmativas que garanticen la presencia igualitaria de mujeres en todos los espacios.”

Cabe destacar que, en medio de la pandemia, algunos de los países que han logrado resultados eficientes frente a ello son liderados por mujeres, transformando diferentes percepciones del liderazgo gracias a los éxitos obtenidos en medio del ejercicio de poder femenino realizado.

Violencia contra las mujeres y niñas

A causa del confinamiento, mujeres, niñas y adolescentes tienen la obligación de “refugiarse” en sus hogares frente a la emergencia de salud pública, trayendo como consecuencia la convivencia junto a sus maltratadores, y como resultado el incremento de la violencia y el abuso, generando sensación de impunidad en el agresor.

La justicia ocupa un papel fundamental. Se deben fortalecer mecanismos de denuncias y crear alternativas, tales como la telefonía inteligente, comisarías virtuales, uso de redes sociales (Facebook, WhatsApp e Instagram), entre otras.

A su vez, es importante emplear y fortalecer las infraestructuras de albergues existentes y extraordinarios para víctimas de violencia y familiares.

Es indispensable declarar las líneas de atención a la violencia, centros de orientación y atención psicológica, psicosocial y jurídica como servicios indispensables y reforzarlos. También realizar campañas informativas sobre prevención y atención de casos de violencia, garantizando que las denuncias serán atendidas y que las víctimas no están solas.

Se corre el riesgo de diversas complicaciones en la escolarización de niñas, donde se teme el abandono y exclusión social por la situación que se vive, exhortando a los Estados a garantizar la seguridad e integridad, así como el apoyo necesario para evitar el abandono escolar luego del confinamiento.

Gracias a la tecnología, se han adaptado medidas de apoyo y atención en diversas situaciones a niñas, adolescentes y mujeres ante la pandemia, así como la integración de sus trabajos y actividades educativas. Sin embargo, se incrementaron las cifras de ciberviolencia por la exposición de las víctimas mediante la plataforma, por lo que se recomienda realizar medidas de prevención, seguimiento y sanciones a través del ordenamiento jurídico.

Los cuidados y derechos económicos de las mujeres

En medio de los cuidados de niños, niñas, adolescentes, adultos mayores o personas que poseen enfermedades crónicas, las mujeres ante el confinamiento han sido las responsables de brindarles a los grupos mencionados  la atención requerida, perjudicando su productividad en el mercado laboral, mas allá de una brecha salarial. Lo ideal en estos casos sería adoptar medidas de corresponsabilidad entre hombres y mujeres promovidas por los gobiernos.

Se debe considerar que las mujeres se encontraban en peores condiciones económicas antes de la crisis y tenían una menor participación laboral, con 50,3%, 25 puntos porcentuales por debajo de los hombres, lo que agrava aún más la situación post COVID-19, corriendo riesgos tales como encontrarse sin ingresos, sobretodo en familias monoparentales con mujeres como jefas del hogar.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT)  señala que el 78,4% de los hogares monoparentales están encabezados por mujeres que asumen las responsabilidades económicas y de cuidado de niñas, niños y personas adultas, enfermas o con discapacidad, y que realizan el grueso del trabajo de cuidados no remunerados. Además, cifras indican que los sectores más afectados por la pandemia son los comercios, servicios turísticos y de comida, siendo mayormente las mujeres quienes hacen vida en estos sectores.

Trabajadoras domésticas y migrantes, se exponen a mayores riesgos de pobreza y/o vulnerabilidad, impactando en su acceso a servicios de salud y otros recursos (seguridad, justicia, salud en general y salud sexual y reproductiva), incluso a algunas de ellas les preocupa la crisis futura en relación a la xenofobia.

Las medidas inmediatas económicas que sean tomadas deben respetar los principios de no discriminación e inclusión mediante el diálogo social, tomando en cuenta los impactos por razones de género. De esto depende la sociedad que se construya luego de la crisis.

La salud de las mujeres

En la región, la mitad del personal médico y más del 80% del personal de enfermería son mujeres, dejando a simple vista, los peligros que viven ante la emergencia de salud pública, sin ser tomadas en cuenta para decisiones y con la  escasez actual de equipos de protección necesarios.

A causa de la sobrecarga en responsabilidades destinadas a mujeres, se debe valorar el impacto físico y mental que se puede derivar. Además prestar especial atención a la salud sexual y reproductiva, especialmente el acceso al uso de anticonceptivos durante la cuarentena, para proteger a todas las mujeres sin distinción de edades, ya que podría haber un aumento en la mortalidad y morbilidad materna, aumentar las tasas de embarazo adolescente, de VIH y otras infecciones de transmisión sexual (ITS).

En medio del confinamiento, las mujeres embarazadas pueden enfrentarse a grandes riesgos a causa de los cambios inmunológicos que se presentan en ellas normalmente, así como a la escasez de atención médica y hacinamiento hospitalario y la prohibición de entrada de familiares en partos y post-partos.

Grupos en situación de mayor riesgo

Las mujeres migrantes, refugiadas y desplazadas por conflictos y otras emergencias se podrían enfrentar a la restricción de acceso a servicios de salud. “En marzo de 2020, más de 4.9 millones de personas habían salido de Venezuela, llegando principalmente a otros países de América del Sur”, se recordó durante la presentción del informe. Una de las preocupaciones es que los centros de atención podrían encontrarse en situaciones de hacinamiento, creando focos de infección.

Las mujeres afrodescendientes, indígenas y privadas de libertad pueden presentar riesgos en relación a la desigualdad socioeconómica así como de servicios básicos. Algunas han tomado las medidas necesarias de aislamiento social para evitar contagio de COVID-19, pero a otras les ha sido imposible por vivir en hacinamiento y escasez sanitaria básica.

La información básica en relación a la emergencia de salud pública y medidas tomadas debe estar disponible en lenguas indígenas, además se debe mantener una línea de comunicación e información accesible para personas con discapacidad, así como la atención necesaria para sus cuidadoras.

De igual manera, el riesgo que corren niñas, mujeres y adultas mayores en medio de conflictos se intensifica, ante una infraestructura frágil por la pandemia, teniendo consecuencias que pueden llegar a ser graves. También, la población LGBTI suele ser discriminada en el acceso a servicios.

El COVID-19 presenta grandes riesgos para las mujeres, especialmente para los grupos más vulnerables. En las próximas tomas de decisiones deben ser incluida la participación activa de ellas para que las mismas tengan enfoque de género y garanticen la inclusión de toda la población.

 


Deja un comentario